Transexualidad
Transexualidad, en psiquiatría y sexología, identificación con el rol de género asociado al sexo opuesto y que conduce al individuo a modificar su anatomía.
Los transexuales adoptan las formas de vestir, las conductas sociales y, normalmente, las preferencias sexuales típicas del sexo opuesto. También utilizan hormonas y desean someterse a una operación de cambio de sexo para modificar su apariencia física. Esta cirugía se aplica en algunos países a transexuales masculinos y femeninos, y cada vez son más las personas que la solicitan.
En el hombre biológico se eliminan el pene y los testículos, se crea una vagina funcional, se administran estrógenos para aumentar el volumen del pecho y, mediante electrólisis, se elimina el vello de la piel. Por su parte, la mujer biológica puede someterse a una mastectomía, a la reconstrucción de los genitales masculinos —proceso complejo que hoy todavía es incipiente— y a la administración de testosterona para modificar sus caracteres sexuales secundarios.
Algunos médicos especialistas creen que la identificación de género de los transexuales es patológica y que por ello es preferible el tratamiento psiquiátrico y no la cirugía. Otros distinguen entre transexuales genuinos y aquellos que podrían modificar su percepción en el futuro. En algunos países, los transexuales que desean someterse a una operación quirúrgica son tratados previamente con psicoterapia y se les anima a adoptar el género de su futuro sexo durante un tiempo de prueba para asegurar su decisión. Sin embargo, algunos transexuales han llegado a emascularse e, incluso, suicidarse cuando los cirujanos se han negado a llevar a cabo esta operación. La transexualidad no debe confundirse con el travestismo, imitación de las formas de vestir del sexo contrario.
Rara vez se cuestiona que ambos sexos sean igualmente competentes para el desempeño de una profesión como la de profesor, abogado o funcionario del Estado; sin embargo, sí es más problemático el caso de mujeres que desempeñan trabajos que requieren de la fuerza física. El sexismo se esconde, de forma directa o indirecta, detrás de la desigualdad en las expectativas de trabajo o condiciones de salario. Son numerosos los casos que nos revelan nuestra ignorancia sobre hasta qué punto está arraigado el sexismo y cuánto se debe a la información sociológica objetiva. La distribución laboral en la mayor parte de los países, la composición por sexos de los parlamentos y organismos electivos, la expansión de la cualificación educacional y el más alto salario medio de los hombres en relación con el de las mujeres, son testigos de una organización social de patriarcado que ha prevalecido en la historia de la especie humana. La parcialidad en la interpretación de las capacidades del hombre y de la mujer puede ser algo inconsciente; se le puede llamar sexismo institucional y es paralelo al racismo institucional. Las costumbres y la tradición pueden distorsionar la apreciación objetiva de estas capacidades. Por otra parte, cualesquiera que sean los modelos heredados, es igualmente importante estar atento a otros factores que contribuyen a una ausencia de mujeres en cargos superiores como consecuencia, por ejemplo, del tiempo que muchas de ellas se toman para cuidar a sus hijos recién nacidos en una etapa altamente competitiva de sus carreras.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario